Enfoques comparados de la internacionalización de la educación superior en Chile y Colombia
- Joshua Denegri

- 10 feb
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En noviembre de 2025, el gobierno de Chile, presentó la primera Estrategia de Desarrollo de la Educación Superior, hoja de ruta que definirá el desarrollo del sistema hasta 2038. He leído el documento con gran interés, siempre desde la lente de aseguramiento de la calidad y la internacionalización. Entonces, como suelo hacer, he comparado este documento con otro documento, en este caso de Colombia: Lineamientos de Política de Internacionalización de la Educación Superior del Ministerio de Educación Nacional (MEN) de 2024.
Pese a que son documentos con enfoques y alcances diferentes, he centrado el análisis en identificar las similitudes conceptuales y estratégicas respecto a la internacionalización entre dos documentos recientes y relevantes de las tendencias actuales en educación superior en la región, permitiendo evidenciar cómo ambos países abordan desafíos globales compartidos desde marcos normativos y estratégicos complementarios.
Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior en Chile
El documento tiene como propósito definir lineamientos estratégicos que guíen la acción pública y orienten a las instituciones en ámbitos clave como la docencia, la investigación, la innovación, la calidad y la articulación con otros sistemas formativos y productivos.
La estrategia no fija metas operativas, sino que establece un marco general de desafíos, objetivos y líneas de acción que buscan consolidar un sistema coherente, sostenible y capaz de responder a los desafíos sociales, tecnológicos y productivos del país. En su conjunto, ofrece una visión integral que articula tanto el subsistema universitario como el técnico profesional, con un horizonte temporal de doce años y revisiones periódicas para ajustar los énfasis según la evolución del entorno.
En relación con la internacionalización de la educación superior, la estrategia incorpora este enfoque de manera transversal. En primer lugar, plantea la necesidad de que el sistema chileno alcance un posicionamiento internacional sólido, tanto por la calidad de su oferta formativa como por su capacidad de generar conocimiento pertinente a los desafíos globales.
Esto se expresa particularmente en la proyección internacional del posgrado, fomentando doctorados y magísteres con alcance regional y global, la creación de consorcios entre instituciones nacionales y extranjeras, y el fortalecimiento de la colaboración universidad–empresa en contextos internacionales. Asimismo, promueve un sistema basado en credenciales, microcredenciales y marcos de cualificaciones que sean legibles y reconocibles fuera del país, facilitando la movilidad académica y profesional.
La internacionalización también aparece como una función estratégica en la gobernanza del sistema. La creación de un Consejo para el Desarrollo Estratégico de la Educación Superior incluye, entre sus responsabilidades, impulsar la internacionalización y generar las condiciones para que las instituciones desarrollen capacidades de cooperación y proyección global.
Finalmente, la estrategia enfatiza la necesidad de integrar a Chile en agendas internacionales de ciencia, tecnología e innovación, favoreciendo la participación en redes y ecosistemas de investigación de alcance mundial. En conjunto, estos elementos configuran una visión de la internacionalización no como un componente aislado, sino como una dimensión estructural del desarrollo del sistema de educación superior chileno.
Lineamientos de Política de Internacionalización de la Educación Superior de Colombia
En este documento se formula una política integral de internacionalización estructurada en cuatro ejes centrales: territorio e internacionalización, gobernanza, currículo intercultural e internacional, e internacionalización de la investigación, ciencia, tecnología e innovación.
Además, incorporan tres estrategias transversales —cooperación, movilidad y competitividad— que buscan fortalecer la inserción internacional del sistema y promover una cultura institucional permeada por lo global. Al igual que en Chile, el enfoque colombiano reconoce las desigualdades y diversidad de las instituciones, proponiendo lineamientos diferenciados, articulados con la política pública nacional y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En términos conceptuales, ambos documentos convergen en comprender la internacionalización como un proceso transversal que debe permear el currículo, las metodologías de enseñanza, las estructuras institucionales, la gobernanza y la articulación territorial. También enfatizan que la internacionalización es un medio para fortalecer la calidad educativa y no un fin en sí mismo, situando la pertinencia social y el desarrollo sostenible como horizonte compartido. Asimismo, se observa coincidencia en la necesidad de articular la educación superior con otros sistemas —como el de ciencia y tecnología, el sector productivo o el mundo laboral— para incrementar la capacidad de innovación, la movilidad de conocimiento y la integración en redes internacionales.
En el plano de los objetivos, tanto Chile como Colombia buscan potenciar la cooperación internacional, fomentar la movilidad académica, robustecer las capacidades institucionales para la gestión de la internacionalización y promover la inserción del sistema educativo en agendas globales. Chile lo expresa mediante el fortalecimiento de los procesos de generación de conocimiento y el rol del sistema como referente internacional, mientras que Colombia lo articula mediante la alineación del currículo, la gobernanza y los procesos institucionales con prioridades nacionales e internacionales.
Donde encuentro puntos de convergencia de mi interés en ambos documentos es en las acciones curriculares, aun cuando cada país las desarrolla con distintos niveles de especificidad. Los Lineamientos de Colombia, por obvias razones, son explícitos en proponer medidas operativas a nivel del currículo. Por ejemplo, plantean la necesidad de incorporar asignaturas internacionales e interculturales, cursos dictados en lenguas extranjeras y contenidos comparativos en diversos planes de estudio.
Esto incluye revisar y adaptar currículos para integrar perspectivas globales, ajustar perfiles de egreso y asegurar que los programas dialoguen con tendencias internacionales y prioridades nacionales como sostenibilidad ambiental, equidad de género, salud pública e inteligencia artificial. Además, promueven estrategias de internacionalización en el aula, tales como la colaboración entre docentes de distintos países, el uso de metodologías interculturales y la implementación de experiencias de internacionalización en casa, que incorporan tecnologías, interacción virtual y actividades formativas multiculturales.
En contraste, el documento chileno aborda la dimensión curricular desde un enfoque estructural y sistémico, más que operativo. No obstante, sí propone acciones concretas con impacto curricular, tales como la adecuación de la estructura de títulos y grados para permitir trayectorias más flexibles, innovadoras y articuladas entre subsistemas. Asimismo, promueve el reconocimiento de aprendizajes formales, no formales y previos, lo cual se traduce en currículos más permeables, adaptativos y coherentes con prácticas globales.
El uso de resultados de aprendizaje como base del diseño curricular también representa un componente central, en consonancia con estándares internacionales de cualificaciones. Finalmente, el énfasis en la pertinencia frente a desafíos sociales, culturales y productivos del futuro introduce una dimensión global que, aunque no nombrada explícitamente como internacionalización curricular, coincide con tendencias globales de educación para la sociedad del conocimiento.
Conclusiones
El análisis comparado entre la Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior en Chile 2026–2038 y los Lineamientos de Política de Internacionalización de la Educación Superior de Colombia evidencia un enfoque convergente respecto al papel estratégico que debe desempeñar la educación superior frente a los desafíos contemporáneos.
Ambos documentos conciben a la internacionalización no como un eje accesorio, sino como una dimensión estructural para garantizar calidad, pertinencia y conexión con las dinámicas globales del conocimiento, la tecnología, la interculturalidad y el desarrollo sostenible. También, se reconoce que la internacionalización curricular —ya sea desde la adecuación estructural (Chile) o desde la intervención directa en asignaturas, contenidos y metodologías (Colombia)— es fundamental para construir sistemas educativos capaces de formar profesionales para contextos globales, diversos e interdependientes.
Los currículos deben responder a dinámicas globales, fomentar competencias interculturales, habilitar trayectorias flexibles, dialogar con agendas internacionales, fortalecer la formación de ciudadanos globales y articularse con ecosistemas de investigación y producción de conocimiento. Esta combinación revela que, aunque los documentos emergen de contextos distintos, comparten una comprensión profunda de los desafíos de la educación superior contemporánea y una orientación estratégica similar respecto a su internacionalización.




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